Pastel “Tomates verdes fritos”

Resulta curioso observar que la mayoría de las personas pueden trabar conocimiento con alguien y, gradualmente, ir enamorándose sin llegar nunca a saber cuándo empezó todo exactamente. Pero Ruth lo sabía con toda precisión. Cuando Idgie le sonrió y le ofreció la jarra de miel, todos los sentimientos que había tratado de sofocar la inundaron; y en aquel mismo instante supo que amaba a Idgie con todo su corazón. Por eso se había echado a llorar aquel día. Nunca había sentido nada parecido, y comprendió que probablemente nunca volvería a sentirlo por nadie.

Fannie Flagg

Conectgirl, el pastel de naranja relleno de mermelada de naranja amarga y chocolate y cubierto con ganaché. 😉

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Cupcakes “Otra vuelta de tuerca”

Se mantenía erguida en el sitio donde mi compañera y yo acabábamos de estar, y en aquella aparición no había una sola pulgada en que no refulgiera la maldad. Aquella primera y vívida impresión duró unos segundos durante los cuales la señora Grose miró fija y vacuamente hacia el lugar que yo le señalaba, como una confirmación de que, por fin, también ella veía, mientras yo volvía los ojos precipitadamente hacia la niña. La actitud de Flora, al revelarme cómo la aparición le afectaba, me impresionó mucho más que si simplemente la hubiera visto agitada, ya que no esperaba, desde luego, que se traicionara a sí misma, pero tampoco esperaba ver que su delicado y sonrosado rostro no demostrara ninguna agitación; y ni siquiera fingía mirar en dirección al prodigio que yo acababa de anunciar, sino que, en cambio, me miraba a mí con una expresión de dureza y de gravedad, una expresión absolutamente nueva, sin precedentes, que parecía leer en mí, acusarme y juzgarme… La impresión que recibí convirtió a la pequeña niña en algo que podía acobardarme. Y me acobardé a pesar de que mi certidumbre de que veía lo mismo que yo, no había sido nunca mayor que en ese instante; y, en la inmediata necesidad de defenderme, traté, desesperadamente, de hacerla confesar                                                              

Henry James

Los cupcakes, de fresas con cobertura de chocolate.

Cupcakes “El principito”

 

Son bellas, pero están vacías -les dijo aún-, no se puede morir por ustedes, sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se les parece, pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella la rosa a quien he regado, puesto que es ella la rosa a quien puse bajo una campana de cristal, puesto que es ella la rosa a quien abrigué con un biombo, puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvó dos o tres que se hicieron mariposas), puesto que es ella la rosa a la que escuché quejarse, o alabarse, o también, algunas veces callarse. Puesto que es mi rosa.
Y se volvió adonde estaba el zorro:

Adiós dijo.

Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, es muy simple: no se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.

Lo esencial es invisible a los ojos repitió el Principito, a fin de acordarse.

El tiempo que perdiste por tu rosa es lo que hace a tu rosa tan importante dijo el zorro.

El tiempo que perdí por mi rosa… dijo el Principito, a fin de acordarse.

Los hombres han olvidado esta verdad dijo el zorro, pero tú no debes olvidarla, eres responsable para siempre de lo que has domesticado, eres responsable de tu rosa.

Soy responsable de mi rosa… repitió el Principito, a fin de acordarse.

Antoine de Saint-Exupéry

(Espero sinceramente que no hayan perdido la magia de su niñez, y puedan ver perfectamente al elefante de la foto )

Por cierto, los cupcakes, de limón.

Cupcakes “Alicia en el país de las maravillas” (II)

¿Puede saberse quién eres tú?- preguntó la Oruga. (…) Alicia contestó, algo intimidada:

– La verdad, señora, es que en estos momentos no estoy muy segura de quién soy. El caso es que sé muy bien quién era esta mañana, cuando me levanté, pero desde entonces he debido sufrir varias transformaciones.

– ¿Qué es lo que tratas de decirme?-dijo la Oruga con toda severidad-. ¡Explícate, por favor!

-¡Ésa es justamente la cuestión! – exclamó Alicia-. No me puedo explicar a mí misma porque yo no soy yo, ¿se da usted cuenta?

– Pues no, no me doy cuenta – dijo la Oruga.

– Siento no poder explicárselo a usted con mayor claridad- dijo Alicia en un tono muy cortés- porque, para empezar, ni yo misma lo entiendo… ¡Comprenderá usted que cambiar tantas veces de tamaño en un solo día no es fácil de entender!

– Sí es fácil, le replicó la Oruga.

– Bueno, lo que ocurre es que usted todavía no ha pasado por ello- dijo Alicia-, pero llegará el día en que se convertirá en crisálida y después en mariposa, y entonces ¡ya veremos lo que siente usted!

-¿Y qué iba a sentir? ¡Pues nada!

– Está bien -concedió Alicia- Es posible que sus sentimientos y los míos sean muy distintos, pero puedo decirle que yo en su lugar me sentiría muy rara.

– ¡Tú! -exclamó con desdén la Oruga- ¿Y quién eres tú, si se puede saber?

Lewis Carroll

Cupcakes “Alicia en el país de las Maravillas” (I)

Habían puesto la mesa debajo de un árbol, delante de la casa, y la Liebre de Marzo y el Sombrerero estaban tomando el té. El Sombrerero fue el primero en romper el silencio.

-¿Qué día del mes es hoy? -preguntó, dirigiéndose a Alicia. Se había sacado el reloj del bolsillo, y lo miraba con ansiedad, propinándole violentas sacudidas y llevándoselo una y otra vez al oído.

Alicia reflexionó unos instantes.
-Es día cuatro dijo por fin.

-¡Dos días de error! -se lamentó el Sombrerero, y, dirigiéndose amargamente a la Liebre de Marzo, añadió-: ¡Ya te dije que la mantequilla no le sentaría bien a la maquinaria!

-Era mantequilla de la mejor -replicó la Liebre muy compungida.

Alicia había estado mirando por encima del hombro de la Liebre con bastante curiosidad.
-¡Qué reloj más raro! -exclamó-. ¡Señala el día del mes, y no señala la hora que es!

-¿Y por qué habría de hacerlo? -rezongó el Sombrerero-. ¿Señala tu reloj el año en que estamos?

-Claro que no -reconoció Alicia con prontitud-. Pero esto es porque está tanto tiempo dentro del mismo año.

-Que es precisamente lo que le pasa al mío -dijo el Sombrerero.

Alicia quedó completamente desconcertada. Las palabras del Sombrerero no parecían tener el menor sentido.
-No acabo de comprender -dijo, tan amablemente como pudo.

-¿Has encontrado la solución a la adivinanza? -preguntó el Sombrerero, dirigiéndose de nuevo a Alicia.

-No. Me doy por vencida. ¿Cuál es la solución?

-No tengo la menor idea -dijo el Sombrerero.

Alicia suspiró fastidiada.
-Creo que ustedes podrían encontrar mejor manera de matar el tiempo -dijo- que ir proponiendo adivinanzas sin solución.

-Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo -dijo el Sombrerero-, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!

Lewis Carroll

  • (Con el té tomaban cupcakes de nubes y buttercream de nutella)

Cupcakes “El gran Gatsby”

A lo largo de las noches del verano llegaba la música desde la casa de mi vecino. Por sus jardines azules se paseaban hombres y mujeres cual chapolas, en medio de susurros, champaña y estrellas. En las tardes, cuando la marea estaba alta, yo veía a sus huéspedes zambullirse en el agua desde la torre de su plataforma flotante, o tomar el sol en la arena caliente de su playa, mientras sus dos botes de motor cortaban las aguas del estuario, arrastrando los deslizadores sobre cataratas de espuma. En los fines de semana, su Rolls Royce se convertía en ómnibus para traer y llevar grupos de la ciudad entre las nueve de la mañana y hasta mucho después de la media noche, mientras su camioneta correteaba corno un vivaz insecto amarillo al encuentro de todos los trenes. Y los lunes, ocho sirvientes, incluyendo al jardinero adicional, trabajaban el día entero con escobas y trapeadoras, martillos y tijeras de jardinería, en la reparación de los destrozos de la noche anterior.

Francis Scott Fitzgerald

  • O cupcakes de piña colada.

Cupcakes “Como agua para chocolate”

Mi abuela tenía una teoría muy interesante; decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos… necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela.

En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento.

Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca.

Laura Esquivel

  • También conocidos como cupcakes de chocolate y naranja.