Cupcakes “Moby dick”

1367755630103

Lo que la distinguía de otras ballenas no era tanto su volumen, sino más bien su frente peculiar, blanca como la nieve y arrugada, y una alta joroba piramidal y blanca. Esas eran sus características más salientes, las señales por las cuales, aun en los mares sin límites y sin cartografiar, revelaba a gran distancia y a quienes la conocían, su identidad. El resto del cuerpo estaba tan rayado y manchado y lleno de lunares de tonalidad de mortaja, que, en último término, había ganado el apelativo que la distinguía: “ballena blanca”, un nombre, en verdad, justificado literalmente por su vívido aspecto cuando se le veía deslizándose en pleno mediodía a través de un mar azul profundo, dejando una estela lechosa de espuma como crema, toda rayada de brillos dorados.Pero no era propiamente su desacostumbrada magnitud, ni su notable tonalidad, ni aun su deformada mandíbula inferior, lo que tanto terror natural producía en el ballenero; era su malicia inteligente y sin ejemplo, que, de acuerdo con relatos precisos, había mostrado una y otra vez durante sus ataques. Más que todo, sus retiradas traicioneras producían una confusión que superaba a cualquier otra cosa. Porque, mientras nadaba ante sus entusiasmados perseguidores con todos los síntomas de alarma, más de una vez se le había visto volverse de pronto y, cargado sobre ellos, desfondar el bote haciéndolo astillas, u obligarlos, llenos de consternación, a retornar a sus buques.

Herman Melville

Anuncios

Cupcakes “Por el camino de Swann”

IMG_1355

 

En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tilo que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar porqué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina, y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando había buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té

 

Marcel Proust

(Si, me he rebelado a esa frase que dice “¡qué magdalenas tan monas!” y he convertido a la magdalena más famosa del mundo en un cupcake. Y de café, no soy muy amante del té, la verdad. Ggg )

Cupcakes “La princesa prometida”

Como desees.

– William Goldman

A veces, se dice todo con pocas palabras, al final comprendió Buttercup. 😉

Los cupcakes, de café con buttercream de vainilla al estilo de la Primrose bakery. ¡Saben a mañana brillante!