Cupcakes “El nombre de la rosa”

 

-De modo que, salvo dos personas, nadie entra en el último piso del Edificio. .

El Abad sonrió:

-Nadie  debe hacerlo. Nadie puede hacerlo. Y, aunque alguien quisiera hacerlo, no lo conseguiría. La biblioteca se defiende sola, insondable como la verdad que en ella habita, engañosa como la mentira que custodia. Laberinto espiritual, y también laberinto terrenal. Si lograseis entrar, podríais no hallar la salida. Aclarado esto, desearía que respetaseis las reglas de la abadía.

-Sin embargo, no habéis excluido la posibilidad de que Adelmo se haya precipitado desde una de las ventanas de la biblioteca. ¿Cómo puedo razonar sobre su muerte sin ver el lugar en que pudo haber empezado la historia de su muerte?

-Fray Guillermo  -dijo el Abad con tono conciliador-, un hombre que ha descrito a mi caballo Brunello sin verlo, y la muerte de Adelmo sin saber casi nada, no tendrá dificultades en razonar sobre lugares a los que no tiene acceso.

Umberto Eco

Disculpas por la foto, la batería de mi cámara decidió morir inexplicablemente. Habrá que llamar a Guillermo de Baskerville.

Los cupcakes, de chococcino.

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2 comentarios en “Cupcakes “El nombre de la rosa”

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